Rescato del recuerdo esta receta, que muy bien pudiera ser de mi propia abuela… atentos todos a los ingredientes, es importante no perder ni un sólo detalle y poner esmero y tesón en la fabricación:
Lo primero buscar buen fruto maduro,
de endrina que anida en corazones esperanzados.
Será el que de aroma y cariño al paladar bien entrenado.
Segundo, cuida de destilar bien el anís dulce.
Puedes encontrarlo en almas románticas, nostálgicas y melancólicas,
de preferencia el día hechizado de San Juan.
De seguido y para aportar un toque especial,
añade tres o cuatro lágrimas amargas de café.
Si tuvistes desengaños amorosos o nunca supistes a que llaman Amor,
las encontrarás enrroscadas en tus pupilas mojadas.
Por último y con sumo cuidado enciérralo todo
con el tapón del silencio en el cristal del corazón.
Allí permanecerá madurando el tiempo en el que se concibe una vida.
Al menos unos ocho meses de gestación larga
y de meditación en lugar fresco y seco.
Mejor a oscuras, recibiendo únicamente la luz de la Luna.
El resultado será como el licor suave y profundo
que resbala de tu boca encarnada.
Como el dulce aleteo de las pestañas de tus ojos.
Consumir de preferencia en compañía,
sin prisas pero sin pausas,
y permitiendo que el líquido elemento
nos embriague con su calidez.
Albatros.
Para todos aquellos que “apadrinaron” una botella, sólo me queda aconsejarles paciencia. Los mejores momentos de la vida se consumen tras largos tiempos de espera y a tragos cortos… pero, ¡qué dulces saben cuando llegan por fín!
Y para terminar un adelanto de lo que está por venir: la fabricación de mermelada y otras recetas tradicionales.


Que sepa todo el mundo que esa chiquitita es mía!!!
Esperaré con paciencia a que llegue a su nuevo hogar.
Por: sandrusca el Miércoles, 5 septiembre 2007
a las 10:21 am